Página Principal

___________________________________________________________________________

Diversidad

Rut la babosa, disfruta de una caminata por el bosque. Observa todo detenidamente.
Le llama la atención, los enormes y altos pastos, los gigantescos hongos multicolores y los frondosos tréboles que ofrecen bondadosamente su sombra.
Los tenues rayos del sol, entibian el aire y suavizan esta hermosa mañana otoñal.
Está muy cansada, sus salidas son nocturnas, no es muy común estar de día en la superficie. Deseaba recorrer y conocer el mundo desde otra perspectiva, de noche todo se ve muy diferente.
Hace un alto en el camino y bebe una pura y refrescante gota de rocío. Es tan fresca y reconfortante que disfruta hasta el último sorbo.
Una gran cantidad de nubes juegan a la mancha, se corren unas a otras, el cielo va tomando diferentes formas y colores. Al chocar dos de las más pequeñas, una de ellas se puso a llorar y sus lágrimas se convirtieron en lluvia. Con las primeras gotas, Rut experimentó una sensación nueva y única, se sintió libre.
No muy lejos de ahí Bret el caracol miraba caer la lluvia, acurrucado desde la seguridad de su caparazón. Bret se sentía afortunado de tener una casa donde poder resguardarse del calor y del frío, un lugar donde poder descansar seguro.
Rato más tarde y una vez que paró la lluvia Rut, prosiguió su paseo. Al encontrarse con Bret se saludaron cordialmente pero cada uno retomó sus caminos. Rut se puso a pensar en Bret sentía que cargar con esa casa a cuesta era algo tedioso, que no le gustaría tener que estar atado a nada, prefería la libertad, el poder andar y disfrutar de todo sin ningún tipo de atadura. Por su lado al mismo tiempo Bret pensaba que él no se sentiría seguro que no podría estar sin su caparazón, que no entendía cómo podía Rut vivir de esa manera. Ninguno de los dos puede comprender ni ponerse en el lugar del otro. Pero ambos se respetan y conviven siendo diferentes. Se sienten únicos disfrutan de lo que son sin juzgarse. Son felices cada uno a su manera.
-Diversidad – decía Rut.
Diversidad, pensaba Bret.

___________________________________________________________________________

Una experiencia inolvidable

La única vez que vi nieve
Fue en invierno una mañana
¡Mirá papá como llueve!
¡Acercate a la ventana!

No Leticia, no llueve
Mirá detenidamente
Lo que ves es aguanieve
Contestó rápidamente

¿Qué es el aguanieve?
¿Es una especie de granizo?
¿Sólo se ve porque llueve?
¿Se rompe al caer al piso?

De la forma que aprenderás
Como, que es y que se siente
Seguro lo experimentarás
Al observarla detenidamente

¿Podemos salir a tocarla?
Yo nunca vi nevar
Para ir a disfrutarla
¡Nos tenemos que abrigar!

En mi cara la sentí
En mis manos yo la tuve
La probé, la vi y la olí
A estudiarla me detuve

Papá me invitó a jugar
También un muñeco hicimos
Mucho lo pudimos disfrutar
Pues felices nos sentimos

Experiencia inolvidable
Nunca más se ha repetido
La única, pero notable
La mejor que haya vivido

___________________________________________________________________________

El malhumorado Goliat

En un reino, muy, muy lejano, tras montañas nevadas, había un príncipe llamado Goliat. Siempre estaba de mal humor, nada le gustaba, sufría de intensos dolores de cabeza, todo le parecía feo y nada le hacía feliz.  La reina estaba preocupada pues no sabía cómo ayudar a Goliat. Una mañana cansada de verlo irritable, de mal humor y enojado por todo, le pidió a su esposo el Rey que mandara llamar al mago, al druida. Él encontraría una solución.
El sabio anciano se dirigió al palacio y haciendo una reverencia a la Reina dijo:
-Su majestad ¿en qué puedo serle útil?.
-Te he mandado a llamar sabio druida pues necesito tu consejo, tu sabiduría. El joven príncipe siempre está de mal humor, enojado, con dolor de cabeza en fin… Me gustaría me des una rápida respuesta.
El mago le pidió un poco de tiempo para detectar el problema y encontrar la solución.
-Está bien pero necesito que sea lo antes posible- respondió preocupada la reina.
-Su majestad haré todo lo posible por complacerla. Necesito estar en contacto con Goliat para poder ayudarlo.
-No hay problema alguno, podrá hacerlo cuantas veces desee.
El mago se retiró haciendo una reverencia a la Reina y fue en busca del niño. No quería dejar pasar un segundo. Recorrió el castillo, sus largos pasillos, estuvo en diferentes rincones hasta que se acercó al jardín, allí se encontraba jugando a ser un valiente caballero.
El druida se acercó en silencio, la nana al verlo se sobresaltó. Goliat parecía estar muy animado, entusiasmado, concentrado, disfrutaba con alegría del juego. El mago se acercó al joven príncipe con el fin de unirsele.
-Su majestad, todo caballero necesita un escudero y estoy dispuesto a ser el suyo -le dijo haciendo una reverencia.
El príncipe lo miro detenidamente y le dijo:
-Eres muy viejo para ser mi escudero. Pero tan sólo esta vez dejaré que lo seas.
-Gracias príncipe- contestó el druida.
Prosiguieron con el juego de a poco el mago fue ganando su confianza, necesitaba poder observar detenidamente al niño. Mientras jugaban el druida observó que el joven príncipe entrecerraba los ojos y fruncía la nariz en reiteradas ocasiones. Mientras peleaba en interminables batallas contra el mago que se había convertido en un oscuro caballero, al príncipe le costaba acertar su espada, tenía que fijar mucho la visita. Rato después Goliat se puso de muy mal humor y decidió dar por terminado el juego. El druida se despidió cordialmente del niño hasta una nueva oportunidad. El sabio anciano se quedó en el jardín pensando cómo podía ayudarlo. Una mariposa transparente que volaba y revoloteaba en el jardín le dio una idea. El príncipe necesitaba algún dispositivo que lo ayudara con su visión. Pasaron varios días en busca de una solución, probó con el agua, las gotas de rocío, pero no era lo que necesitaba, buscó en la naturaleza pero la solución no aparecía. Una tarde mientras observaba las piedras preciosas, se dio cuenta que podría ver a través de ellas. En el diamante encontró lo que buscaba; transparencia, pureza, firmeza y aumento de la realidad.
A la mañana siguiente partió al palacio y después de explicarle a la Reina cual era su idea y lo que le pasaba al príncipe pidió que le trajeran dos trozos de diamante lo más planos posibles. Rato más tarde el druida contaba con lo solicitado. Con ellos y un dispositivo de maderas que inventó para que pudiera sostenerlos y se los puso al príncipe en sus ojos. Al principio se negaba a que eso pasara pero cuando su madre la Reina le dio la orden no tuvo otra opción que dejar que ocurriera. Un mundo distinto, una realidad diferente se presentó frente a él. Nadie se había dado cuenta que tenía problemas de visión. A pesar de estar rodeado de sirvientes, de tener varias nanas y súbditos a su servicio, nadie se había percatado, nadie había puesto el suficiente interés en él.
El sabio anciano cumplió con la orden real pero sobretodo le cambió la vida al joven príncipe, que agradeció al mago con su amistad incondicional.

___________________________________________________________________________

 

 

email

Literatura Infantil – Escritor Uruguayo