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Angelitos

Con abrazos y con besos
Despiertan los angelitos
Después de muchos bostezos
Y refregar sus ojitos

No faltó algún perezoso
Que quiso seguir durmiendo
Se trata del más mimoso
Y también del más pequeño

En las nubes cobijados
Durmieron plácidamente
Habían estado soñando
Situaciones diferentes

Los artistas pintaron
A la luna y las estrellas
De colores las dejaron
Quedaron todas muy bellas

Los más osados volaron
En un alado Pegaso
Otros disfrutaron
En un circo de payasos

Con gran entusiasmo contaron
Sus inigualables situaciones
Alegres disfrutaron
Riendo montones

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La valiente Francis

El timbre de la calle sonó dos o tres veces antes de que Francis pudiera recorrer el largo pasillo que separa su cuarto de la puerta de entrada. Al abrir se encontró con algo muy misterioso; en el piso junto a la entrada había una caja. Estaba envuelta en papel de regalo satinado azul y un gran moño rojo. En una esquina atado con un hilo había un colorido cartel que decía: “Para Lía la princesa elfa”. Esto llamó mucha su atención. Francis miró para ambos lados de la calle, estaba desierta. Hacía mucho calor y el resplandor del sol era tan fuerte que necesitó cubrirse un poco la cara para poder ver. Francis buscó por todos lados alguna pista que resolviera el enigma de la caja pero nada.
¿Qué hago con el regalo? No tiene mi nombre, ni el de papá o mamá, tampoco el de mi hermanito pero está en la puerta de casa. ¿Y si la dejaron por equivocación?¿La abuela Potota como se llamara? !Qué tonta que soy! ¡Pototaaa! como se va a llamar. ¿Y si se llama Lía? .Pero no vive acá. Lo voy a dejar. No me gustaría que un regalo para mi se lo quedara alguien más, aunque estaba en la puerta y tocaron timbre. ¡Lo voy a dejar, no me pertenece! Quizás la persona que lo trajo se da cuenta de la equivocación y la viene a buscar.
Cerró la puerta y pensando sobre la caja se fue a su cuarto a seguir leyendo. El timbre sonó otra vez, pero más fuerte y sostenido en el tiempo.
Francis se levantó y salió corriendo para hablar con la persona, pero no había nadie la puerta y su sorpresa fue tal al encontrar de nuevo la caja que no sabía qué hacer.
¿Por qué insistirán con la caja? Es raro. Voy a mirar la tarjeta quizás cambiaron el nombre. No, todo sigue igual ¿qué hago? La entro para ver qué pasa.
A penas pudo con ella. La levantó con mucha dificultad, era pesada y tuvo que hacer mucha fuerza, sus brazos no alcanzaban a cubrir el contorno, por momentos parecía que se le iba a caer. La apoyaba en sus piernas como podía y encorvando la espalda daba pequeños pasitos. Cuando la logró entrar se sentó en el piso a descansar. Su corazón y su agitada respiración se fueron calmando lentamente rato después de estar recostada contra la pared.
Estaba muy intrigada por saber que contenía la caja pero no quería apresurarse a abrirla. Decidió esperar a que viniera su mamá o papá.
Francis siguió con su lectura, una atrapante historia de aventura y misterios en el mágico mundo de los elfos.
Después de un rato se quedó dormida y comenzó a soñar. Todo era tan real, que creía que estaba ahí.
Miraba el lugar detenidamente, estaba maravillada con lo que tenía frente a sus ojos. Sentía como si alguien la observara y siguiera, pero no le importó.
Caminó entre el frondoso bosque, disfrutando del aroma de las más coloridas flores. Cuando se topó con una hermosa elfa de grandes y celestes ojos que mientras miraba para todos lados como desconfiada le susurró:
-¿Trajiste la caja?.
Francis quedó bastante desconcertada y un poco asombrada ante la pregunta.
-¿Trajiste la caja?- volvió a preguntar la elfa mientras miraba para todos lados misteriosamente.
-No, no traje nada. Supongo que te referirás a la que tenía una nota para Lía.
-Si claro, para la princesa Lia. La caja que los guardianes recuperaron.- respondió con un toque de enojo.
Francis, estaba un poco desconcertada.
-No me digas que no sabes el contenido de la caja. ¡Eso sí es inadmisible!.
-Es que…
-¿Y tu curiosidad? ¿Dónde está tu curiosidad?.
-No quise abrirla, no me pertenecía.
-Era necesario que trajieras esa caja.
-Es que no sé ni como llegué aquí.
-Te trajo la magia de los elfos.
Francis se quedó cayada, pensativa, hasta que se dio cuenta que estaba dentro del libro, que leía.
-¡Reacciona niña, reacciona!.
La voz de la elfa la devolvió a la realidad.
-Es que no sabía nada de esto.
-La princesa se va disgustar mucho, era su más deseado regalo de cumpleaños y tú te olvidaste.
-¿Cómo puedo remediarlo?
-No lo sé. Hace años que esperaba esa cajita de música.
-¿Una cajita de música?
-Si, pero no es cualquiera; la tuvo desde su niñez, hasta que los trols se la robaron. El malvado mago Cafur los envió a hacerlo.
-¿Y para qué?
-Él quería que la tristeza se apoderara del reino de los elfos. El mago Cafur invocó un hechizo; si para el cumpleaños número diez de la princesa Lia, la caja de música no estaba de nuevo en el reino la tristeza se apoderaría de todo.
-¿Entonces?
-La princesa ha buscado sin cesar su caja de música. Sueña cada noche, tiene pesadillas. Ella no cesará hasta que la recupere.
-Estoy tan apenada, quisiera hacer algo para compensarla.
-Vamos hasta el castillo real, la princesa te esperaba con ansiedad.
-Es que…
-No tengas miedo. ¡Vamos!
Caminaron en silencio. Francis iba muy preocupada pensando en lo ocurrido. Después de andar un tramo, en la cima de una montaña nevada, vieron un majestuoso castillo de cristal.
Subieron la colina custodiada por guerreros elfos.
Al llegar una gran puerta de madera y metal se abría para dar paso a un luminoso salón. Sentada en un sillón de enredaderas y flores estaba la princesa Lía. Al ver a Francis se paró y comenzó caminar hacia ella acelerando el paso por momentos debido a la ansiedad y la expectativa que tenía.
Con un fuerte abrazo le dio la bienvenida a lo que Francis no pudo reaccionar retribuyéndole de la misma forma se quedó inmóvil.
-¡Gracias por venir! Por traer mi regalo. ¿Dónde está?
A Francis se le transfiguró la cara. No sabía que decir.
-Tranquila. Tranquila- le dijo la princesa Lía.
-Yo no…
-Tranquila, entiendo.
En ese momento a Francis se le ocurrió la idea de volver a buscar la caja.
-¿Cómo hago para volver del este sueño? Quiero ir a buscar la caja.
-Para eso tenemos que llamar al gran elfo de los sueños.
-¿Pueden hacerlo?
-Claro que si.
Esperaron ansiosos la llegada del gran sabio, hasta que lentamente se abrieron las hojas de la puerta del salón.
-Gran mago eres bienvenido- saludo la princesa haciendo una reverencia.
-Princesa, ¿en qué puedo serte útil? – preguntó el anciano.
-Queremos saber cómo volver al reino de los humanos.
-La solución es el espejo mágico. A través de él pueden volver tu mensajera y la niña.
Y así lo hicieron. Al principio el miedo jugo en su contra hasta que tomaron coraje y se animaron al cruzar el portal mágico.
Francis se despertó exaltada. Miró para todos lados. Busco a la elfa pero estaba sola.
¡La caja! Tengo que encontrarla ya.
Salió corriendo para el pasillo y se llevó una sorpresa que no esperaba.
Dos espantosos, grotescos y feos trols estaban junto a la caja. Al verlos quedó paralizada. Los trols balbucearon algo inentendible en su dialecto mientras se movían de un lado a otro con un vaivén. El más grande señaló a Francis mientras daba unos estridente y espeluznantes gritos.
Francis reaccionó sin saber que hacer mientras pensaba en un plan. Poco fue el tiempo que le quedó ya que la bestia comenzó a moverse en su dirección.
Lo único que atinó a hacer Francis fue correr para refugiarse en su cuarto. Cerró la puerta como pudo intentó pasar el portal mágico pero no lo logró. Estaba desesperada, se escondió detrás del espejo. Los trols sacudían la puerta hasta que la arrancaron. Entraron al cuarto y buscaron a Francis, cuando vieron el espejo lo señalaron con miedo evitando mirarlo, ni pasar frente a él.
Eso le dio una idea a Francis que recordó lo que leyó en el cuento de cómo enfrentar a los trols. Utilizando el espejo como escudo buscó una linterna para enfrentarlos. Cuando los iluminó con la linterna su potente luz hizo que los trols desaparecieran.
Tomó la caja, cuando lo hizo el portal se activó y volvió al mundo de los elfos.
Todo era una fiesta y algarabía al ver a Francis llegar con la caja. Estaban todos felices, lo habían logrado a tiempo.
El timbre de la calle sonó con ímpetu dos o tres veces hasta que Francis se despertó de su sueño.
Se desperezó con ganas. El timbre volvió a sonar está vez sostenido en el tiempo.
Francis estaba confundida. La casa permanecía en silencio y tan solo habían pasado una hora. Francis se dio cuenta que se había dormido leyendo y que había soñado con ser la heroína de esa historia.

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El baño de Benito

-Rafael, por favor ¿podes venir a bañarte?
-¡Ufa! ¡no quiero bañarme!
-Dale, Rafa vamos al baño.
-¡No, no y no! ¡No quiero, no quiero, no quiero!
-¿Qué te parece si hacemos un trato?
– A ver…
-Te cuento una historia para que veas que importante es bañarse. ¿Te parece?¿ Querés oirla?
-Mmm…bueno- contestó medio a regañadientes
-Resulta que Benito el puercoespín, no quería bañarse.
-Benito vení a bañarte por favor…
-No quiero mamá, ¡no quiero!.
-Tenés que bañarte es muy importante.
-Para mí no lo es…
-Hagamos una cosa- le propuso su mamá. -Te voy a dar la posibilidad de que elijas. Para que te des cuenta de que las decisiones que uno toma tienes sus consecuencias. ¿Está bien?.
-¡Sí!¡genial!.
-¿Te vas a bañar?
-No. Prefiero estar así, sin bañarme- contestó Benito.
-Bien- respondió su mamá

Al día siguiente Benito salió a jugar como todo los días estuvo revolcándose en barro, jugando al fútbol con sus amigos se cayó varias veces en él. Pero no le importó estaba feliz.
Al llegar la noche su mamá le preguntó si quería bañarse y él contestó: “que no, que estaba muy bien así”. Su mamá cumplió con lo acordado y Benito quedó otra vez más sin asearse.
Pasaron dos o tres días y Benito seguía sin hacerlo. El barro y la tierra, seguía acumulándose.
Una mañana mientras jugaban al fútbol, apareció un hambriento lobo en busca de un apetecible almuerzo.
Todos salieron corriendo a gran velocidad. Benito que es un poco lento y regordete por más que se intentó ocultar se vio acorralado por el lobo. En ese momento, al sentirse amenazado se enroscó e intentó defenderse con sus afiladas púas. El barro que tenían las cubrían, estaban tan pegoteadas que no se erizaban.
Los amigos de Benito comenzaron a llamar la atención del lobo, querían distraerlo.
-¡Hey lobo feo por aquí!. Le gritó el conejo, mientras le tiraba piedras.
-Por aquí le decía Felipe el castor.
Los pájaros revoloteaban a su alrededor y cuando podían lo picoteaban. Aquí lobo tonto- le decían.
Ante la ayuda y en un momento de descuido Benito logró guarecerse en el hueco de un árbol lejos del peligro que lo asechaba. Una vez que el lobo abandonó el bosque y todo estaba en calma, Benito salió de la guarida. Muy impresionado, conmovido y asustado por lo ocurrido, agradeció a sus amigos.
-Gracias por salvarme, por distraer al lobo.
-Para eso estamos los amigos, no te preocupes.
-Nunca pensé que no iba a poder erizar mis púas.

De regreso, su mamá vio con asombro a Benito entrar derecho al baño a ducharse.
“¡Que cosa tan rara!, ¿qué le habrá pasado para que entre a bañarse derecho sin decir nada, por voluntad propia?”
-¿Benito, estás bien?
-Sí mamá.
Después de una larga ducha, le contó lo sucedido.
-Espero que hayas entendido cuán importante es tomar decisiones acertadas ya que esas decisiones tienen sus consecuencias…
Abrazó a su mamá como forma de agradecimiento.
Una vez terminada la historia la mamá de Rafael lo miró y le dijo:
– Tomar decisiones acertadas es muy importante. Para bien o para mal tendrás que enfrentarte a los resultados.
-Gracias mamá, muchas gracias.
Tras la historia Rafael sin renegar, ni enfadarse, decidió tomar una refrescante y larga ducha.

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Literatura Infantil – Escritor Uruguayo